
Cuando el recuerdo me encuentra contigo, por el silencio mío, entiendo el átomo que soy cuando camino por el mundo por debajo de toda talla artista, muy ajeno al tacón de mi paso.
No tengo palabra, no tengo gesto. El recuerdo lo tapé con polvo de hojas y toda gana de escuchar tu risa no se opaca con rumores de viento. Todo te trae y golpea mi ventana, la retina.
A veces pienso que, si pudiera llenar el vacío que dejaste conectando el mar con tu ausencia, secaría el mundo y crearía uno nuevo, vacío y rosa, inhóspito el eco de tu nombre que crece queriendo poblar el mundo que demanda el brillo de sus flores.
Aun cuando estas líneas nunca, nunca te toquen, hoy cada letra pretenderá ser un grito y el peldaño que invoque el vuelo de tu alma esta tarde. Se que lo escuchas y lo ves, descansando a la deriva de los días comunes. Se que lees cada imagen que te imputo, evidente la fragancia del momento perpetuo en la memoria hecha de ti, mientras me rodea la nada que me cela, como lobo incandescente.
3 comentarios:
Tras leer semejante carta,sólo me queda desear que cada una de sus palabras toque el alma, y hasta la piel, de ese alguien cuya ausencia dinamiza tu memoria y torna tu silencio en llamada.
Mi más cordial saludo.
hermoso texto, lobo estepario el mundo está triste y vacío por su ausencia pero desde tus textos vuelves a nacer y las palabras son vida que dan vida
Agradezco vuestros comentarios.
Una de las razones que motivan al hombre a escribir es su frágil memoria o las ganas de un desahogo.
Quizás andemos en la misma búsqueda todos.
Un abrazo fraterno
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