
Toda acrobacia
y todo botón de beso hecho de fragancia insolente
me varan
esperando que una nave
cargada de tus manos
venga a destapar todo lo oculto
a tu regreso.
Desde ese entonces te recuerdo nítida como este lenguaje y esta forma infrahumana que tengo de quererte
en toda hora que arropa toda gana de moldear
la estrella que amasa tu brillo y que me hace retroceder en cada verso.
Porque cargas la manzana no mordida
y también esa bestia que pidió encumbrarse al grito,
ser redonda en cortejo,
presentarse con valor a este inescrupuloso domador de noche
y nodrizas y falsos dioses moribundos,
a este mago
que lo único que hace es deslumbrarse por lo simple de las cosas que de ti prosperan
y que a veces te escabullen sin palabras como una gran ola nocturna
que arrastra los secretos de la profunda oscuridad del cielo que llevamos dentro.
Yo te recuerdo.

