1/26/2007

QUINTA CARTA


Con el corazón hinchado de amor, de ese del bueno, de ese que solo sabe de alegrías y frutos asoleados; te agradezco colgado al nudo de una traslúcida corbata de añoranzas; el mensaje en el ocaso de este tiempo creado por el hombre.

Toda la gracia de tu letra logra que el jardinero de invierno que en mi reside vea su flor, luego de cortejar su semilla, la que sembró un día y que regó poco a poco con aguas de esperanzas y afectos.

Te veo más grande, más sabia, mas ligada a tu verdadera esencia. Claro que hay mucho por hacer aún, queda mucho por crecer, juntos y separados, en el fondo urdidos por la misma estrella que teje nuestros sentidos.




Te devuelvo el abrazo que mandas mientras cierro mis ojos, y abro el tercero, y recuerdo el timbre de tu voz, tu sonrisa única y luminosa. Mientras beso tu frente de pureza inquebrantable por los fuertes vientos de la vida.

PECHO


Horas,
vidas,
valdría
estar aquí
colgado
en mi hoja láctea
ordeñando versos,
mientras luces
tu pecho,
el marfil.



Actitud exacta,
hembra emanada
en hojarasca.
Se expande
su emancipado mineral
que explotó
sin montaña.

Pupilas,
Me incubas la vida
retorna el hambre
la niñez
la sonrisa quiebra la noche,
el reflejo dentado en ti.

Cargo sed infante,
¡cierra mi boca tu seno,
pronto!
Mira que tiembla
el terror :
¡Tu,
láctea vía!
Mi órbita finita.

PUERTO


PUERTO

Barcos extraviados, mis ojos.
Reconocen en ti la luz de puerto.
Encallar en ti quiero
mientras brilla tu piel y arde silencio:

Sonido de sol,
cada huella
de tu pie
Con peso y con gana
medita un norte,
quiere un camino;
saber donde ancla tu boca,
hasta donde se escucha
el latir de tu abrazo.
Pero no hay tiempo,
ámame sin palabra.
Crea la lengua,
la historia,



así suene la pauta,
el último traje
que juntos deshojamos
en el ejercicio de querernos
fácilmente
de pie,
en calma.

1/19/2007

VIENTO



Como decirte que soy de viento
Sin caer la hoja, sin saber, sin otro hogar que el mundo.
Reflejo de la tierra y de sus tres ojos.
Concepción de luz que evitamos por temor a lo perfecto
que al fin
nos endurece
la piel ya resistente a toda hora
y a todo día
melancólico.

Como llamarte cuando me encuentre
bajo todo techo que no llama ni busca
y toda pared
que guarda
el tapiz de tu ojo ocupado,
de esa lágrima instruida al eco del silencio
y a la solitaria cabina de mi autosuficiencia.

Como evacuar tu presencia ausente,
hasta el día festivo de la única sonrisa que me queda,
hasta los últimos besos que te guardo
bajo los siete pecados de la calle
sobre lo cierto del pacto que hicimos
flotando una noche la inconsciencia.