Me pidió o le ofrecí versos
como quien transa declaración
de cuestionado juez
en cielo amoroso,
y no supe comenzar porque no tiene inicio,
No sabré poner puntos ni comas a lo suyo,
si no muestra fin ni descanso,
No pondré palabra certera,
no podré sílabas, ni letras justas,
pues no hay sustento al cristal de su alma, pues no ha
nacido
Adjetivo
Calificativo
Ni
verbo
Ni
sustantivo
Que contenga su gracia infinita.
Y dirán, ¡a bueno!, si este es poeta (o al menos lo
pretende). Magnificará todo,
Tratará de justificar cada adulación
De cada rincón de su belleza
porque está además enamorado,
Pero aquello es injusto,
Porque le he visto amanecer con su pelo descuidado como
rayos de sol y de luna,
como algo que encandila y aturde de encanto
sagrado;
Porque he atestiguado su baile de fémina en fuego y humeante
serosidad en las noches de estrellas carcajeadas,
porque su manso y dadivoso
corazón de niña quinterana
aun palpita mas fuerte que el de los adultos que
adulteran sus creencias.
Es injusto, porque deben creerme, ella es lo esencial,
Es lo sutil y lo fuerte,
la dulce comisura de una gota de ángel que varó en la
tierra,
una chica que vive grande,
una grande que a nadie achica;
porque ella reconoce su origen
en la arena del mar y las jaivas nocturnas
Es ella, en las canchas de tierra y olas ecuestres,
en la travesura de inocente risa y familia;
Y a todo eso,
Agréguele que se; más
que nadie;
Cantar el perverso juego del amor que hay en su blusa
Volada y desdoblada desde su piel hacia mi piel
Como lenguaje cómplice y unívoco,
Como flujo sin fin de energía que solo asemeja
A los grandes ciclos vitales como el agua o el fuego,
Como
la vida
Que me consume en ganas de tenerle cerca
Para tan solo recordarle que le amo
Y que mi silencio es cómplice de ya no tener ni versos ni
palabras, ni puntos ni comas, para seguir sosteniendo esto que me pide, o le
ofrezco:
El escribir versos vacíos por temor a decir nada,
Frente a la grandeza del todo
en su cuerpo
en su alma.





