A veces sin sentido escribimos líneas queriendo encontrarnos y encontrar a alguien al otro lado del lenguaje, mas lo primero es a tiempo presente y lo segundo es virtualmente futuro, aun cuando, como los grandes ritos del arte, la letra suele ser inmortal.
Allá lejos, pero no tanto, un matrimonio sufre por el accidente de su hija. El ministro Velasco y su esposa periodista, intuyo sienten, como otros matrimonios en la historia cotidiana, impotencia, sentimientos de culpa, rabia, rebeldía contra lo superior, apego a la tierra, olvido y desapego al aire y el Espíritu.
No se si con el ánimo de expresarme o con necesidad de sacar de mi pecho y de mi frente este sentimiento de angustia que provoca en mi esta noticia, quisiera llamarme y llamarlos a pensar en los hijos, el amor mas sublime e intenso; y a evaluar con honesta empatía como nos ubicamos en el dolor ajeno y si es suficiente el tiempo que dedicamos a los nuestros.
Tengo fe en la fuerza de la voluntad del hombre, mas en el de la mujer. Somos “pequeños dioses” decía el poeta Huidobro. Ejerzamos ese poder, esa luz, en conjunto para mandar paz a la familia Velasco – Saavedra y a otras tantas que pasan por este yugo de dolor. Ayudémosles a recobrar la conciencia mágica que nos repite día a día que la muerte es parte de la fragilidad de la vida y que los ciclos no acaban y que un “adiós” no es más que una palabra inventada por el hombre limitado de conciencia sideral.