¿Sientes
tus manos en mi cara?
Que
son las mías que enjaulan mi risa matutina.
Ya
soy un zombi; un pedazo,
un
hombre que cae
a pedazos
porque
estoy y no estas
porque
tu pelo de noche y su playa conectada, me llama a gritos de viento
y
yo no puedo correr
no
puedo andar hacia tu orilla de azúcar que moja con briza de fuego blanco
y
sus gotas anhelantes de mis manos extienden sus dedos con hambre de hombre.
¿Sientes
tus manos en mi cabeza?
Que
son las mías, que no entienden, que quieren volar los pensamientos de ti
cargados
de segundos eternos, de horas efímeras que no saben como llegaron a su fin y
deseando
no terminar, no morir de
esa forma tan cobarde.
La
eternidad se embotella en granos de arena y olas libres de sal.
(Me
cubro los ojos para ver tu aroma y oler tu figura) (mi lengua rebota en su
suelo)
¿Sientes
como sobas tus manos?,
que
son las mías queriendo escribir, hoy digitar, un poema simple que te coja,
no
solo en perfecta imagen cada vez que lea estas líneas, sino que te acerquen a mi
alma
cuando
tu leas y lo encuentres raro pero tuyo, absolutamente tuyo,
como
mis manos, que son las tuyas,
después
que se conocieron.
Para
ser dos vuelos de mil gaviotas.
