Cuando el recuerdo me encuentra contigo, por el silencio mío, entiendo el átomo que soy cuando camino por el mundo, muy por debajo de toda talla artista, indiferente al tacón de mi paso.
No tengo habla ni expresión, los recuerdos los he tapado con tierra y toda gana de escuchar tu risa no se opaca con el ruido del viento que te trae y que golpea mi ventana, la retina. A veces pienso que, si pudiera llenar el vacío que dejaste conectando el mar con tu ausencia, secaría el mundo y crearía uno nuevo, húmedo y rosa, dedicado al ruido de tu nombre en mi boca que te llama sin eco.
Aun cuando estas líneas nunca, nunca te toquen, hoy cada letra pretenderá ser el grito y el peldaño de energía que te llame a volar junto a mi esta tarde. Se que lo sientes, descansando a la deriva de los días comunes. Se que oyes cada imagen que te imputo, evidente la fragancia de aquel momento perpetuo en la memoria hecha de ti, mientras me rodea la nada que me cela, como lobo oscuro.
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