10/25/2005

Laicismo, religión y la vida misma

Bien es sabido en nuestros primeros pasos que el número tres constituye el resultado, la síntesis del conflicto entre el uno y el otro, entre el uno y el dos. Así, en la naturaleza está dada la realidad para germinar la vida, para evolucionar, para dar paso a las nuevas etapas. Esta escenario, incluso, puede verse en lo cotidiano, en la aplicación y confrontación de la energía calórica a las verduras y carnes, que dan como resultado una “suculenta” cazuela o, de la misma forma, en como se va desarrollando este mismo dialogo que nos convoca.

En ello, me parece que lo rescatable es toda capacidad que tengamos, como especie, de enfocar, dirigir, controlar, orientar y distinguir “conflictos” que realmente den una buena síntesis, una buena “cazuela”.

El primer paso es querer debatir, querer confrontar ideas, quizás en el ensayo y el error consigamos que salga algo bueno, a lo sumo, algo nuevo. En esto la tolerancia, la verdad, la libertad juegan un papel fundamental. Estos valores sublimes y a veces utópicos no lo son tanto en el ejercicio y pueden tener manifestaciones concretas y terrenales.

En fin, el debate entre el laicismo y lo religioso nace, en términos muy generales como un conflicto de intereses que trasuntan en lo económico, lo político, lo ideológico. Cuando no existe coyuntura, ellos viven en paz, se pueden sentar en la misma mesa y beber de la misma copa, la copa de la necesidad del hombre de trascendencia, de vivir, de coexistir de saber, de crecer.

¿Donde situamos este debate, este conflicto, esta trinidad en nuestras vidas cotidianas?.
La única verdad que me encuentro en esta respuesta es que existen dos tipos de posturas, aquellos que aman el conflicto, que darían incluso la vida por él, en honor y causa de la “síntesis” que quieren encontrar; y aquellos que se sientan en sus casas, van al trabajo, a través de los trenes que fueron explosionados en Londres y también en Madrid y quieren vivir la autómata vida que les brinda la estabilidad, a costa de privaciones de todo tipo, principalmente las espirituales.

La verdad queridos amigos y hermanos, Estoy dentro de los que viajan en los trenes y microbuses, quizás un poco mas tangencial, mas alejado, soy de los que caminan al trabajo y miran el mar en las mañanas antes de iniciar la jornada. Mientras mas quieres crecer mas tienes que luchar, en lo profano eso ya es la verdadera ley de la selva. Yo en cambio, opto por la lucha interna, incluso por deportes de autoexigencia. Creo que esa es mi postura, quizá ello, el testimonio de ello sumado en la palabra escrita, me permita encontrar una particular y minúscula respuesta y salida al cambio social que se avecina y que pocos ven, cambio necesario, pero no se si tan positivo. Al hombre le falta mucho todavía para llegar, en forma colectiva, a lo que denomino como “autoexigencia colectiva”.

En fin, seguiremos entonces preparando la “cazuela”, lo importante es que, no se nos pase la mano con las papas.


Un abrazo, sigamos pelando cables ignotos.

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